En un movimiento sorprendente, el presidente venezolano Nicolás Maduro anuncio recientemente que en su país «ya empezó» el año 2026, apenas dos semanas antes de que concluya el año calendario. La declaración, realizada durante una conferencia de prensa transmitida por medios oficiales, se une a un conjunto de decisiones simbólicas que el mandatario ha adoptado recientemente, como el adelanto de la Navidad por decreto, en un contexto de fuerte tensión con Estados Unidos.

En su explicación, Maduro sostuvo que el objetivo de proclamar el inicio anticipado del nuevo año es «adelantar» el ciclo político y prepararse con ventaja para el futuro. Sin embargo, esta medida puede ser vista como una maniobra política para tratar de dar un impulso a la legitimidad de su gobierno en momentos en que Venezuela enfrenta graves desafíos económicos y humanitarios.

La decisión de Maduro es aún más llamativa considerando que muchos países alrededor del mundo están a punto de celebrar el final del año 2025 y comenzar el nuevo ciclo anual. La mayoría de las naciones siguen el calendario gregoriano, adoptado en el siglo XVI, que establece el inicio del año en el primer día de enero.

A pesar de la sorpresa generada por la declaración de Maduro, es importante recordar que Venezuela ha tenido una historia de desviarse de la norma internacional en cuanto al calendario. En 2000, el país adoptó el calendario juliano, que era utilizado hasta el siglo XX, y luego cambió a un calendario basado en el sistema solar venezolano.

La medida puede ser vista como una manera de diferenciarse del resto del mundo y reafirmar la independencia de Venezuela. Sin embargo, también puede ser percibida como un intento de generar confusión y desorden en un momento en que la situación política y económica del país es ya compleja.

La tensión con Estados Unidos es otro factor importante que se destaca en este contexto. La relación entre ambos países ha sido tensa durante mucho tiempo, y la decisión de Maduro puede ser vista como una forma de reafirmar su independencia y desafiar a Washington. En efecto, en la conferencia de prensa donde se hizo la declaración, el presidente venezolano habló sobre la necesidad de defender la soberanía nacional y la independencia política.

En conclusión, la decisión de Maduro de declarar que «ya empezó» el año 2026 puede ser vista como un movimiento político simbólico que busca reafirmar la legitimidad de su gobierno y diferenciarse del resto del mundo. Sin embargo, también puede generar confusión y desorden en un momento en que Venezuela enfrenta graves desafíos económicos y humanitarios. Lo que está claro es que esta medida no puede ser separada de la tensión política y diplomática que existe entre Venezuela y Estados Unidos.