La tragedia sacudió este martes las montañas de California cuando una devastadora avalancha sepultó a un grupo de esquiadores en la zona de Castle Peak, en la imponente Sierra Nevada, cerca del emblemático lago Tahoe. Ocho personas perdieron la vida en el incidente, considerado ya como el más mortífero de su tipo en la historia reciente de Estados Unidos, mientras un noveno esquiador sigue desaparecido, según confirmaron las autoridades este miércoles. El operativo de rescate, que se convirtió en una carrera contra el tiempo, logró salvar a seis integrantes del grupo, aunque dos de ellos requirieron atención médica inmediata y fueron trasladados a un hospital, donde permanecen en condición estable.

El grupo, compuesto por 15 personas —nueve mujeres y seis hombres, incluidos cuatro guías experimentados—, quedó atrapado por el alud alrededor del mediodía. Las condiciones climáticas adversas, con vientos huracanados que reducían la visibilidad a casi cero y una capa de nieve fresca de entre 60 y 90 centímetros acumulada en solo 48 horas, complicaron aún más las labores de rescate. «El área era prácticamente inaccesible», explicó el alguacil a cargo de las operaciones, quien detalló que los equipos de emergencia tuvieron que desplazarse en esquís para llegar hasta los sobrevivientes. La magnitud del desastre quedó en evidencia al conocerse que, entre los fallecidos, había siete mujeres y dos hombres, todos turistas provenientes de distintas regiones del país.

La avalancha en Castle Peak no solo ha conmocionado a la comunidad local, sino que ha encendido las alarmas sobre los riesgos de practicar deportes de invierno en zonas de alta montaña, especialmente en una temporada marcada por nevadas históricas. Más de 50 rescatistas de varios condados de California y Nevada se unieron al operativo, que se prolongó durante horas bajo condiciones extremas. Las autoridades, aunque no han revelado los nombres de las víctimas, reconocieron que este es uno de los incidentes más letales en décadas para el esquí en Estados Unidos, superando incluso tragedias anteriores en términos de víctimas fatales.

Mientras la búsqueda del esquiador desaparecido continúa, las preguntas sobre qué desencadenó el alud y si se podrían haber evitado las muertes comienzan a surgir. Expertos en seguridad en montaña señalan que, aunque las avalanchas son impredecibles, la combinación de fuertes nevadas, vientos intensos y el aumento de visitantes en zonas remotas incrementa los riesgos. Para las familias de las víctimas, el dolor es inmenso; para los sobrevivientes, el trauma apenas comienza. Este suceso, sin duda, dejará una huella imborrable en la historia del esquí en Norteamérica y servirá como un recordatorio sombrío de la fuerza indomable de la naturaleza.