El desorden y la inestabilidad han caracterizado el último semestre en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde mediados de septiembre hasta principios de noviembre, la institución ha sido azotada por una serie de incidentes que han llevado a la suspensión de actividades presenciales en al menos un plantel cada día. Estos eventos, que van desde paros estudiantiles y tomas de edificios hasta daños en instalaciones y medidas de seguridad extremas, han afectado significativamente el ritmo académico.

De acuerdo con un seguimiento realizado por la institución, entre una tercera parte y casi la mitad del semestre se vio interrumpido por algún tipo de disturbio. Esto significa que los estudiantes no tuvieron la oportunidad de disfrutar de un ambiente normal de aprendizaje durante períodos prolongados.

La crisis comenzó a mediados de septiembre, cuando una protesta estudiantil en el plantel Román y Giuiliani fue seguida por daños en instalaciones y la evacuación del edificio. A continuación, hubo una serie de incidentes similares en otros plantels, incluyendo tomas de edificios y enfrentamientos entre manifestantes y autoridades.

A pesar de que algunos cierres fueron breves y temporales, otros tuvieron un impacto significativo en el calendario académico. Por ejemplo, la suspensión de actividades en el plantel Politécnico ya duró varias semanas y afectó a miles de estudiantes.

La UNAM también ha sido azotada por amenazas de bomba, lo que ha llevado a la implementación de medidas de seguridad extremas en algunos plantels. Estos incidentes han generado un ambiente de inseguridad y ansiedad entre los estudiantes, lo que puede afectar negativamente su bienestar emocional y su capacidad para aprender.

Aunque los cierres no ocurrieron de manera sistemática, la frecuencia y gravedad de estos incidentes ha sido preocupante. La UNAM debe encontrar formas de restaurar el orden y la estabilidad en sus plantels, ya que la inestabilidad académica puede tener un impacto negativo en el rendimiento y la satisfacción de los estudiantes.

La situación actual es un llamado a la acción para que las autoridades universitarias, los líderes estudiantiles y los mismos estudiantes trabajen juntos para encontrar soluciones duraderas. Es importante recordar que la educación es un derecho fundamental y que la UNAM tiene un papel crucial en la formación de futuras generaciones de ciudadanos mexicanos.

Esperamos que la UNAM pueda restaurar el orden y la estabilidad en sus plantels para que los estudiantes puedan disfrutar de un ambiente normal de aprendizaje. Sin embargo, hasta ahora, la situación sigue siendo precaria, lo que genera preocupación sobre el impacto que esto puede tener en el futuro académico de los estudiantes.