El martes, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos confirmaron la destrucción de tres lanchas vinculadas al narcotráfico en aguas del Pacífico y el Caribe, en un operativo que dejó un saldo de once muertos. Los ataques, ejecutados bajo la operación *Lanza del Sur*, forman parte de una estrategia militar desplegada desde septiembre pasado en la zona de responsabilidad del Comando Sur, que abarca Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. Aunque oficialmente el objetivo de esta misión es combatir el tráfico de drogas, analistas señalan que su activación coincide con un contexto de alta tensión política, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el pasado 3 de enero, en un operativo liderado por fuerzas estadounidenses.

Según el comunicado emitido por el Comando Sur, los tres ataques letales fueron ordenados por el general Francis L. Donovan, comandante de la operación, y se dirigieron contra embarcaciones operadas por «organizaciones terroristas designadas». Los once fallecidos —cuatro en la primera lancha, otros cuatro en la segunda, ambas en el Pacífico oriental, y tres más en una tercera nave interceptada en el Caribe— elevan a más de 150 el número de muertos en este tipo de acciones desde que comenzó la ofensiva. Solo el viernes anterior, otro bombardeo estadounidense había destruido una lancha similar, causando la muerte de sus tres tripulantes.

Desde su implementación, la operación *Lanza del Sur* ha generado polémica. Mientras el gobierno de Donald Trump defiende estas acciones como parte de una «guerra declarada» contra los cárteles y grupos vinculados al narcotráfico en Latinoamérica, organizaciones de derechos humanos y críticos cuestionan la falta de debido proceso para los presuntos narcotraficantes. Hasta ahora, más de cuarenta ataques han sido registrados, todos bajo la misma justificación: la lucha contra el «narcoterrorismo».

El Comando Sur insiste en que las operaciones se realizan con precisión y en cumplimiento de protocolos internacionales, aunque no ha proporcionado detalles sobre posibles investigaciones independientes que respalden estas afirmaciones. Mientras tanto, en la región crece el debate sobre los límites de la intervención militar estadounidense y su impacto en la estabilidad de países ya afectados por la violencia del crimen organizado. Con cada nuevo operativo, la línea entre la seguridad hemisférica y la escalada de un conflicto encubierto parece volverse más difusa.