En las calles de Teherán y otras ciudades iraníes, una oleada de protestas ha transformado lo que inicialmente parecía ser un descontento social con el aumento del costo de vida en un movimiento político más amplio contra el régimen teocrático que gobierna Irán. Los manifestantes, algunos de ellos armados solo con tarjetas y lápices para escribir sus demandas, han estado ocupando las calles desde hace semanas, enfrentándose a la represión policial y a la brutalidad de los agentes de seguridad.
El desencadenante de estas protestas fue el aumento del costo de vida en Irán, que ha llevado a muchos ciudadanos a vivir en situación crítica. Sin embargo, con el tiempo, las reivindicaciones han ido más allá de la simple satisfacción de las necesidades básicas y han empezado a abordar los problemas estructurales del régimen teocrático. Los manifestantes están exigiendo cambios políticos profundas, como la liberación de presos políticos, la separación entre la religión y el Estado y la defensa de los derechos humanos.
Entre las demandas más frecuentes se encuentran la libertad para las mujeres, que en Irán viven bajo un sistema de discriminación oficial, y la igualdad de género. Las manifestantes han sido particularmente valientes en su lucha, enfrentándose a la represión policial y a la hostilidad social. Muchas han sido detenidas, torturadas y encarceladas, y algunas incluso han perdido la vida.
A medida que las protestas continúan, el régimen teocrático ha respondido con violencia, utilizando gases lacrimógenos, balas de goma y agentes de seguridad para dispersar a los manifestantes.






