México enfrenta una realidad preocupante y contradictoria. Por un lado, el país no ha logrado frenar ni reducir las tendencias crecientes de obesidad y sobrepeso, lo que plantea serios problemas para la salud pública. Al mismo tiempo, la desnutrición también es un problema estructural en México, ya que a pesar de los esfuerzos para mejorar la situación nutricional, el número de personas que viven en condiciones de desnutrición no ha disminuido significativamente.

La obesidad, en particular, es un problema crónico y complejo en México. Según el Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud, a la semana 33 de 2025 (del 16 al 23 de agosto), se registró un total de 73,3% de personas con sobrepeso o obesidad en el país. Esto representa una gran proporción de la población que corre riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, hipertensión y problemas cardíacos.

La situación es especialmente preocupante en las comunidades más pobres y vulnerables, donde la falta de acceso a alimentos saludables y la presencia de mercados ambulantes que ofrecen comidas chatarras y ricas en calorías contribuyen a la epidemia de obesidad. Además, la falta de espacios verdes y la poca actividad física también son factores que inciden negativamente en la salud pública.

Sin embargo, México no solo enfrenta la problemática de la obesidad, sino también la desnutrición. A pesar de que el país ha avanzado significativamente en términos de desarrollo económico y social, todavía hay millones de personas que viven en condiciones de pobreza y hambre. Según los últimos datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en 2020, más de 15% de la población mexicana vivía con menos de $2.35 diarios, lo que está por debajo de la línea de pobreza.

La desnutrición es un problema estructural que se traduce en déficits nutricionales y consecuencias negativas para la salud pública. Las personas desnutridas tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades como la anemia, la malabsorción y las infecciones crónicas, lo que a su vez puede afectar negativamente su calidad de vida y productividad.

La situación nutricional en México es compleja y requiere una respuesta integral. Es necesario abordar los factores estructurales que contribuyen a la obesidad y la desnutrición, como la falta de acceso a alimentos saludables, el déficit de espacios verdes y la poca actividad física. También es fundamental fortalecer la educación nutricional y promover estilos de vida saludables en todas las comunidades.

Además, es importante reconocer que la desnutrición y la obesidad no son problemas aislados, sino que están relacionados con otros problemas estructurales del país, como la pobreza y la desigualdad. Por lo tanto, cualquier estrategia para abordar estos problemas debe ser integral y considerar los diferentes factores que inciden en la salud pública.

En resumen, México enfrenta una compleja realidad de malnutrición estructural, caracterizada por la coexistencia de obesidad y desnutrición. Es necesario abordar este problema de manera integral, fortaleciendo la educación nutricional, promoviendo estilos de vida saludables y considerando los diferentes factores que inciden en la salud pública. Solo así podremos construir un país más saludable y próspero para todas las personas.