Federico Viñas, el mediocampista del Alavés, vivió una jornada emocionante y contradictoria en el partido ante el Real Oviedo. La figura de los vascos abrió el marcador, rompiendo con un gol su racha sin anotar que duraba siete partidos seguidos. Además, contó con dos oportunidades clarísimas para aumentar la ventaja, especialmente una ocasión mano a mano con el portero oviedense Sivera.

Sin embargo, la fiesta terminó abruptamente cuando Viñas recibió su tercer tarjeta roja de la temporada en el minuto 85. La expulsión llegó cuando el partido estaba aún en juego, con un empate 1-1 y al menos 15 minutos por delante. Fue una doble amarilla, la segunda consecutiva por meter el brazo en un duelo con el balón por el aire.

La decisión del árbitro fue contundente, si bien se puede argumentar que el partido ya estaba muy avanzado y no había necesidad de influir en el resultado. Viñas, sin embargo, parece haberse dejado llevar por la emoción del momento y su frustración por no poder aumentar la ventaja en un partido que estaba pendiente.

La tarjeta roja supuso un golpe duro para el Alavés, que debió jugar los últimos minutos con un hombre menos. A pesar de todo, lograron mantener el empate y llevarse un punto valioso en su lucha por escapar del descenso.

La actuación de Viñas fue contradictoria, ya que a pesar de haber sido fundamental para la victoria inicialmente, también se involucró en situaciones conflictivas que le costaron la expulsión. Sin embargo, su gol y sus oportunidades clarísimas demostraron que es un jugador con mucho potencial y capacidad para hacer la diferencia en el partido.

En cualquier caso, la tarjeta roja de Viñas será un tema de debate en los próximos días, ya que algunos podrían considerarla excesiva y otros verán una falta grave de disciplina. Lo cierto es que el Alavés tendrá que encontrar una forma de manejar la ausencia de uno de sus jugadores más importantes para poder seguir luchando por escapar del descenso.