En las calles de la Ciudad de México, los mercados públicos se convierten en verdaderas ferias de animales salvajes. Loros y mascotas exóticas, algunos incluso en peligro de extinción, son vendidos a desconocidos con un simple mensaje de texto. Sin embargo, el tráfico de fauna silvestre no es solo una práctica común en estos mercados, sino que también opera a plena luz del día, protegido por vacíos legales, redes criminales y el silencio de autoridades locales.

Es aquí donde la vida silvestre se ve sometida al entretenimiento o el estatus. Personas anónimas compran animales salvajes para adornar sus hogares o impresionar a sus amigos, sin importar las consecuencias que esto tenga en la especie en cuestión. Los testimonios recopilados por Excélsior revelan la gravedad de este problema: dueños de mercados y vendedores de animales admiten que muchos de los productos que venden son capturados ilegalmente, y que las autoridades locales no están dispuestas a intervenir.

La situación es aún más alarmante cuando se considera que muchos de estos animales son en peligro de extinción. Es el caso de los loros, cuyas especies están sufriendo una significativa disminución debido a la captura y el comercio ilegal. Sin embargo, las autoridades no han tomado medidas efectivas para detener esta práctica.

A pesar de que existen leyes y regulaciones en México para proteger la vida silvestre, la implementación es deficiente y los delitos suelen quedarse impunes. La falta de recursos y la corrupción también contribuyen a la impunidad que caracteriza este tráfico. Los testimonios de vendedores y compradores revelan que muchos de estos animales son vendidos sin documentación ni control alguno, lo que facilita su circulación ilícita.

Excélsior ha realizado recorridos de campo en mercados y plataformas digitales donde se negocian animales salvajes. Los resultados son alarmantes: desde monos y jaguares hasta aves y reptiles, la vida silvestre es vendida sin piedad ni consideración por la vida animal. En algunos casos, los compradores no tienen idea de que están comprando un animal en peligro de extinción o uno que ha sido capturado ilegalmente.

La situación es aún más grave cuando se considera que la venta de animales salvajes está relacionada con la explotación y el abuso. Los testimonios recopilados por Excélsior revelan que muchos de estos animales son sometidos a condiciones inhumanas en cautiverio, lo que puede llevar a su muerte prematura o a una vida de sufrimiento.

La falta de acción por parte de las autoridades locales y la corrupción que permea este sistema contribuyen a mantener el tráfico de fauna silvestre. Es imperativo que se tomen medidas efectivas para detener esta práctica y proteger la vida silvestre. La sociedad mexicana debe estar consciente de la gravedad de este problema y exigir cambios en las políticas públicas para proteger a los animales salvajes.