En lo que va del año, México ha experimentado un alarmante aumento en la violencia política contra líderes locales, con al menos diez presidentes municipales asesinados desde octubre pasado. La más reciente víctima fue Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, quien recibió balazos durante las celebraciones del Día de Muertos. Esta tragedia forma parte de un panorama de violencia política que se extiende por todo el país, aunque con una concentración significativa en regiones del sur y centro.

Según un recuento de Excélsior, Michoacán y Oaxaca han sido las entidades más afectadas, con tres casos cada una. En ambos estados, la violencia política se ha presentado como una forma de intimidación y coacción hacia aquellos que osan desafiar el statu quo. La muerte del alcalde Manzo es solo el último episodio en una larga serie de ataques contra líderes locales que buscan hacer justicia o promover cambios positivos en sus comunidades.

En Michoacán, la violencia política se ha asociado con la lucha por el control de las rutas del tráfico de drogas y la disputa por la hegemonía entre diferentes grupos criminales. La muerte de tres alcaldes en menos de un año es un indicador alarmante de la gravedad de la situación en este estado.

En Oaxaca, la violencia política se ha presentado como una forma de represión hacia aquellos que buscan defender los derechos humanos y promover la justicia social. La muerte de tres alcaldes en este estado es un indicador del nivel de intolerancia hacia cualquier tipo de disidencia o crítica hacia el statu quo.

Además, Guerrero ha registrado dos casos de violencia política contra alcaldes, mientras que San Luis Potosí y Hidalgo han visto cada uno un caso similar. La violencia política se ha presentado en diferentes formas, desde homicidios hasta amenazas y hostigamiento contra aquellos que buscan hacer justicia o promover cambios positivos.

En septiembre pasado, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó sobre el aumento de la violencia política en México y su impacto en la democracia y los derechos humanos. La ONU llamó a los responsables políticos a tomar medidas para proteger a los líderes locales y garantizar que se les permita realizar sus funciones sin temor a represalias.

La situación es grave, pero no imposible de revertir. Es importante que los gobiernos estatales y federales tomen medidas efectivas para proteger a los líderes locales y garantizar que la violencia política no se convierta en una forma de intimidación y coacción hacia aquellos que buscan hacer justicia o promover cambios positivos. Es igualmente importante que la sociedad civil, incluyendo organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación, sigan informando y denunciando la violencia política para que los líderes locales puedan sentirse seguros de realizar sus funciones sin temor a represalias.

La muerte del alcalde Manzo es un recordatorio de la gravedad de la situación en México y del importante papel que juegan los líderes locales en el desarrollo y crecimiento de sus comunidades. Es hora de que los gobiernos y la sociedad civil trabajen juntos para proteger a estos líderes y garantizar que la violencia política no se convierta en una forma de intimidación y coacción hacia aquellos que buscan hacer justicia o promover cambios positivos.