La ecoansiedad: un trastorno mental emergente
En México e Iberoamérica, el problema del medioambiente ha estado creciendo sin cesar, y con él, una sensación de desesperanza y impotencia que puede estar más allá de la responsabilidad individual. La «trampa» de la responsabilidad individual es un concepto que destaca que parte del problema tiene su origen en campañas históricas como la de Crying Indian, que trasladaron simbólicamente la responsabilidad de la contaminación desde las grandes corporaciones hacia los ciudadanos y su actuar diario.
Estas campañas han desplazado la responsabilidad de la contaminación desde las empresas hacia los ciudadanos individuales, lo cual es completamente incorrecto. Las empresas son las responsables del 70% o el 80% de la producción de residuos en el mundo. Esta presión genera disonancia cognitiva, un concepto desarrollado por el psicólogo Leon Festinger, que describe la incomodidad mental provocada por sostener ideas contradictorias.
En este caso, se afirma que el cambio climático es irreversible y por otro lado, que las acciones individuales pueden revertirlo. Esta contradicción mental es lo que genera el sentimiento de ecoansiedad. Además, aprendemos a sentirnos indefensos frente al problema del medioambiente, lo que nos hace sentir que no podemos cambiar el resultado, generando frustración y malestar profundo.
La ecoansiedad combina síntomas psíquicos y físicos, como estrés persistente, alteraciones en la temperatura corporal, disminución de defensas, aumento del ritmo cardiaco e incluso pesadillas. Esta sensación de impotencia se observa principalmente entre las personas de entre los 16 y los 25 años, quienes sienten incertidumbre sobre el futuro del planeta que habitarán.
A pesar de realizar acciones como separar basura, ahorrar agua o promover conductas responsables entre sus conocidos, al no ver cambios se sienten desesperanzados. Esto puede derivar en cuadros de ansiedad crónica, depresión e incluso estrés postraumático.
La solución no es dejar de actuar, sino replantear la narrativa. Los especialistas coinciden en que debemos cambiar la forma en que pensamos sobre el medioambiente y nuestras acciones individuales. Practicar meditación, leer sobre temas relacionados con el cambio climático y promover un diálogo más profundo sobre el problema son solo algunas de las formas en que podemos empezar a enfrentar esta sensación de ecoansiedad.
Es hora de replantear nuestra relación con la naturaleza y reconocer que el cambio climático es un problema global que requiere una respuesta colectiva. No podemos dejar que la responsabilidad individual nos haga sentir impotentes, sino que debemos trabajar juntos para crear un futuro más sostenible y resistente.






