En el lado sur de Sídney, Mia Bannister se encuentra con la piel tatuada en homenaje a su hijo Ollie, un recuerdo doloroso pero inspirador que la motiva para luchar por una causa justa. La trágica muerte de Ollie, que sufrió acoso en línea y decidió quitarse la vida, ha llevado a esta madre australiana a trabajar sin descanso para promover la primera ley del mundo que prohíba el uso de redes sociales a los menores de 16 años. «Si esa ley hubiera estado en vigor hace un año», dice Mia con una mirada húmeda, «puede que Ollie todavía estuviera vivo».
La pérdida de su hijo es un golpe devastador para Mia, pero su dolor se ve reflejado en la piel tatuada con el contorno negro de un corazón rojo. Ese corazón roto es un recordatorio constante del amor incondicional que sentía por Ollie, y su lucha por justicia es un tributo a la memoria de su hijo. «Era mi mundo», dice Mia, su voz temblorosa mientras se toca el tatuaje. Es como si estuviera reviviendo el momento en el que Ollie le contó sobre el acoso en línea que estaba sufriendo.
Para Mia, la muerte de Ollie es un llamado a la acción para prevenir que otros padres experimenten lo mismo. Ella recuerda cómo Ollie era una persona alegre y atractiva, con una personalidad radiante que atrajo a muchos amigos en línea. Sin embargo, el acoso constante y las amenazas que recibió hicieron que se sintiera solo y abrumado. «No sabemos qué sucedió exactamente, pero sabemos que Ollie estaba sufriendo», explica Mia. La madre cree que si la ley existía en ese momento, el acoso podría haber sido detectado y mitigado a tiempo.
Mia ha estado trabajando incansablemente para promover la reforma legislativa y ha reunido apoyo de padres y expertos en todo el mundo. Ella cree que es hora de que las redes sociales tomen medidas efectivas para proteger a los niños y adolescentes de la violencia y el acoso en línea. «Necesitamos un cambio», dice Mia con firmeza. «Las redes sociales han cambiado la forma en que vivimos, pero no hemos cambiado la forma en que nos protegemos».
Aunque la pérdida de Ollie es una herida abierta, Mia siente que su hijo está con ella en cada momento de esta lucha. Ella se ha convertido en una voz fuerte y convincente para promover un cambio, y su testimonio ha movilizado a muchos a tomar medidas para proteger a los niños y adolescentes. Para Mia, la memoria de Ollie es un llamado a la acción para crear un mundo más seguro y justo para todos los jóvenes. «Ollie era mi mejor amigo», dice Mia con una sonrisa triste, «y siempre lo será».






