En un esfuerzo sin precedentes por mejorar las condiciones de vida en comunidades indígenas y afromexicanas, más de 20 mil 522 poblados han desarrollado 37 mil 811 proyectos de infraestructura social en áreas como urbanización, agua potable, vivienda, electrificación, drenaje y letrinas, salud, alcantarillado y educación. Lo cierto es que el impacto en la calidad de vida de miles de personas ha sido significativo.
El Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social para Pueblos Indígenas y Afromexicanos ha sido el principal herramienta utilizada por estas comunidades para financiar sus proyectos. Sin embargo, no solo se trata de recibir fondos, sino que los miembros de las comunidades también tienen un papel activo en la toma de decisiones sobre cómo utilizarlos.
«Las asambleas determinan qué rubros intervenir y, como resultado, los recursos deben ser utilizados por ellos mismos», explica Ariadna Montiel, secretaria del Bienestar. «Ya tienen su tarjeta y la dispersión se ha realizado, lo que significa que no hay intermediarios involucrados».
En efecto, esta forma de trabajo colaborativo y descentralizada permite que las comunidades tengan un control absoluto sobre los fondos y proyectos que afectan directamente a sus miembros. Esto garantiza que las necesidades más urgentes sean atendidas y que los recursos se utilicen de manera efectiva.
En el caso del período comprendido entre el 1 y el 31 de octubre, la dispersión de apoyos ha sido especialmente intensa. «Durante este tiempo, hemos visto cómo comunidades indígenas y afromexicanas han trabajado juntas para desarrollar proyectos que beneficien a sus miembros», destaca Montiel.
Entre los proyectos que se han llevado a cabo durante este período, están la construcción de viviendas, el mejoramiento del acceso al agua potable y la electrificación de comunidades que antes estaban sin luz. También hay proyectos de educación y salud, como la construcción de escuelas y centros médicos.
Lo más importante es que estos proyectos no solo han mejorado las condiciones de vida en estas comunidades, sino que también han generado un sentimiento de orgullo y autoestima entre sus miembros. «Esto no solo es una inversión en infraestructura, sino también en la dignidad y el respeto hacia sí mismos», afirma Montiel.
En resumen, el trabajo conjunto de las comunidades indígenas y afromexicanas y el Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social ha llevado a importantes mejoras en la calidad de vida de miles de personas. Y es que, cuando se les da la oportunidad de liderar sus propios proyectos y tomar decisiones sobre cómo utilizar los recursos, las comunidades pueden lograr cosas increíbles.






